JabaliAli
Aristobaldo L. Sartori
Ciudad de Buenos Aires - Argentina.

Todos los derechos corresponden al autor ©


Inconcluso

Zapatillas enmarcadas en paspartú
como un devaneo puro
una ilusa descripción de sentidos
unas palabras que perdieron su olor
la transpiración esfumada de colores
que dejaron el cuadro.
Un camino de cordones ennegrecidos
que perdonan esas manos
intentando deshacer los nudos
en las marcas del tiempo.

Zapatillas sucias sin presencia
como un recuerdo de visiones imprevistas
una insípida expresión de la mente
una participación despiadada de fútiles emociones.
Ojales metálicos, colgando sus ojos
en hilachas enmarañadas de pasión.
Asi te recordé, gastada por los años
como una tela engomada que no camina más.

JabalíAli

 

El final del día

Discurren trashumantes
las páginas de fuego
metódicas.

Incipientes melodias
derivan en susurros
languidecen.

Sigzaguentes culebras de aire
se montan en los sueños
inertes.

Racimos de espejos cantores
recuerdan añoranzas
parlotean.

Singulares curvas de venganza
encierran simbolos
apasionados.

Tranquilamente cierras el libro
y te duermes
en la calma.

JabalíAli

 

El truco

Sobre la mesa quedaba un boleto, vestigio de su viaje, el viaje que la había traído quién sabe desde donde. Ella había ido al baño y su bolso tintineaba como si estuviera lleno de cucharitas. La esperé sentado en la otra silla.
Entonces ella volvió y apoyó su bolso sobre la mesa, el sonido metálico se repitió, y sacó un candado cerrado:
-Esta es tu vida, la llave la tengo yo -dijo.
-Pero dame alguna posibilidad, juguemos un truco.
Ella lo pensó unos momentos y asintió. Abrí el cajón del mueble, saqué las cartas y los porotos. Jugamos punto a punto. Ella tenía suerte, mentía
siempre, mentía y me ganaba; sentía que mi vida se esfumaba como el humo espeso de la pipa de mi tatarabuelo, que me miraba desde el cuadro.
-Bien, gané, ¡la cagaste querido!
-No, bueno, esperá, dame más tiempo.
-¡Basta!, no seas cagón, ya soy tu dueña.
Agarró el bolso y estuvo buscando mientras el horror se apoderaba de mí.
De repente sacó tres bolitas de vidrio y me las tiró. Yo las agarré como pude y las miré extrañado.
-¡Andá a jugar, pibe! -me dijo.

JabaliAli



Las mujeres soles

Me encuentro con las mujeres soles
soles como velas sin barco
mástiles perdidos alzándose
desde el agua.

Soles que destilan soledad
velas henchidas de dolor
vagabundas, aferradas a sus palos.
Sin ancla, sin timón
como aletas carnívoras
apareciendo entre las olas.

Veo el mar repleto
de sus telas danzantes
ciegas
entre la locura y la espuma.

JabalíAlí 15/11/2004