Lucas Sánchez
Kun
Munro, Buenos Aires - Argentina

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La paleta y sus colores

Opus era un pincel que vivía muy feliz junto a sus otros amigos pinceles. Él se destacaba por la suavidad de su cerda y la sutil forma de su mango.
Un día, Opus decidió pintar una hoja del color mas bello que haya podido encontrar. Miraba, seleccionaba, volvía a mirar, pero no se decidía. Entonces fue corriendo a buscar a su amiga paleta. Ella poseía colores de todo tipo, y tenía la particularidad de ser muy limpia. – ¡Paleeeeta!, amiga, ¿donde estás?- preguntaba Opus entusiasmado. –Aquí estoy- dijo ella. –Paleta, no tienes ningún color sobre tu estructura. ¿Qué es lo que sucede? –Es que me acabo de lavar- contesto la paleta. Y prosiguió preguntando:-¿Cuál es el motivo de tu visita?, Opus, amigo mío. Opus la miró fijamente y le dijo: –Estoy buscando el color más bello para pintar con mi suave cerda una hoja que describa a todos los humanos, nuestros amables amos. ¿Qué color me recomiendas?-. –Opus- dijo la paleta, -tienes infinidad de colores a tu disposición. Dime cual quieres elegir y yo te diré un secreto de cada uno.
-Bueno, elijo el rojo. Pintaré toda la hoja de color rojo.
- El rojo es adecuado para expresar la alegría entusiasta y comunicativa. Significa pasión. Pero pregúntame mejor por otro.
- Quizás eso no es lo que quiero simbolizar- contestó Opus. – ¿Qué puedes decirme del color azul?
- El azul es un color reservado. Denota confianza. Pero pregúntame mejor por otro.
- Mmmm, ¿Qué tal el verde? Lo veo tan natural, en las hojas y en las plantas…
- El verde es el color de la esperanza, querido amigo. Pero pregúntame mejor por otro.
- ¡El amarillo! Lo veo en el sol y me transmite tantas cosas…
- El amarillo como bien lo dijiste es el color de la luz. Puede decirse que la risa lo representa. Pero pregúntame mejor por otro.
- Por otro color… Déjame pensar un segundo. Ya sé, el naranja.
- El naranja es señal de precaución. Asimismo representa el placer que podemos sentir. Pero pregúntame mejor por otro.
- ¡Tu si que eres complicada, paleta querida! En esta ocasión voy a elegir el rosa.
- El rosa indica cariño, amor y afecto. Puede que sea tu color ideal. Pero pregúntame mejor por otro.
- ¿Otro?- preguntó Opus. Se estaba comenzando a enojar. La paleta estaba dando muchas vueltas, pero sabía que era sabia entonces no le recriminó nada en absoluto. Y eligió el color violeta.
- El violeta demuestra la ausencia de tensión. Es muy voluble; significa calma y violencia al mismo tiempo. Te faltan otros colores que no son colores. Son luminosidad y oscuridad.
- ¡El blanco, el negro y el gris!- contestó Opus seguro de sus palabras. Y continuó diciendo: -¿Qué me puedes decir de ellos?
- Bien, el blanco expresa la idea de paz y divinidad. El negro es lo opuesto a la luz y por ende indica la presencia de la muerte. Por otra parte el gris indica el equilibrio entre el blanco y el negro, entre la paz y la tristeza.
- Me hallo muy confundido- dijo Opus. –No se que color he de elegir para pintar mi hoja en blanco. Sinceramente, querida paleta, no se que hacer.
- Tú has venido a preguntarme por colores para pintar una hoja que describa como son los humanos. Pero ellos son muy complejos. No puedes encasillarlos en determinada personalidad porque cada uno es único e irrepetible. Hemos estado nombrando una serie de colores y te he pedido con énfasis que me preguntes por más colores. He aquí la respuesta a esas preguntas. Jamás encontrarás un color para describirlos, pues ellos tienen distintas personalidades, sentido del humor, y hay días que están bien y días que no; su aura, su energía fluye a una velocidad incalculable. En ti está lo acertado. Sabes que hacer-.
Opus volvió contento y satisfecho. Se paró frente a la gama de colores y los tomó a todos. Y la hoja quedo pintada con miles de colores. El mundo se reflejaba en ella.

FIN


Encuentro

Ella lo esperaba ansiosa. Eran las nueve de la noche en punto y no podía estar más sin verlo. Su corazón galopaba a una velocidad estrepitosa. Necesitaba la armonía de su compañía una vez más. El ansiado timbre resonó por todo su departamento. Era él. Corrió casi desesperada a atender el portero eléctrico que se hallaba en su cocina. Atendió y el ruido de la puerta abriéndose confirmo que su encuentro se hallaba cercano. Sin perder más tiempo fue al baño, se miró en el espejo acomodando su pelo como tanto a él le gustaba. Otra pequeña dosis de su perfume favorito se impregnó en su cuello. La puerta se golpea dos veces sutilmente, señal de que el la estaba esperando. Se tranquilizó, dio unos pasos seguros y abrió la puerta. La figura de su amado se recortaba con las anticuadas luces de su pasillo. Lo besó, como siempre lo besaba; apasionada y dulcemente. Ingresaron a su casa, deseosos de comer esa deliciosa comida que ella preparaba con satisfacción. Esa fue la excusa de su encuentro. Pero así estaba planificado. Pasaron horas y horas hablando. De la vida, de las obligaciones de cada uno, de historias que alguna vez supieron vivir juntos, de amigos, de la familia. Conversaron de todo lo que podían conversar. Aunque en el fondo eso no les importaba tanto. Ambos estaban ardiendo por dentro, aguantaban, querían que el lecho otra vez fuera su compañía. El se le acercó y le dijo las cosas más bellas al oído. Ella sonreía y se sonrojaba. Su piel se erizaba lenta y copiosamente. Sus manos se unieron por encima de la mesa. Sus dedos se entrelazaron. Vivían cada instante sólo como un amante lo puede vivir. El estaba seguro de lo que quería, y se lo demostraba en cada palabra, en cada gesto, en cada mirada profusamente indicada. Sendos caminos estaban unidos por ese instante perfecto, único. Él le hizo una propuesta y sus pupilas tomaron brillo. Y las de ella también. Se incorporaron, y se abrazaron. Ese abrazo fue el símbolo del porque estaban juntos. Ambos se querían, se amaban con el corazón abierto. Lluvia de sentimientos se transmitían casi telepáticamente uno a otro. Era tan perfecto que parecía un sueño. Pero era realidad pura. Ahora era ella quien le decía dulces palabras de amor al oído a él, que escuchaba atentamente pero sin sonrojarse; así demostraba que él era dueño y autor de las cosas que ella le decía. El abrazo se vio interrumpido. En esta ocasión era el quien le daba besos en el cuello a ella. Sutilmente fue recorriendo desde el mismo hasta la clavícula, provocándola. Sus manos lentamente desabrochaban los botones de la camisa de la dama encantada, mientras ella le tocaba el rostro; como un ciego lo rastreaba e indicaba que su cara era perfecta, nítida. Cambio de roles. Ella le desabrochaba los botones a él, cosa que lo excitaba en exceso. Él ya le había sacado la camisa y comenzó a besarle el esternón, sin apuro corrió los breteles del corpiño y después con un gesto imperceptible se lo quitó. Acto seguido, ella le desajustó el cinturón y le bajo el pantalón con delicadeza mientras besaba su vientre. Las medias de ambos se revolearon ferozmente quedando dispersas por el living. El la tomó con ambos brazos y la hincó sobre su pecho trasladándola hacia el cuarto. Sin darse cuenta ambos se hallaban acostados sobre la cama. El se posicionó de costado y ella recostada. El le acariciaba todas sus curvas, jugaba con su pelo mientras ella lo miraba con admiración. Entonces hubo un cambio brusco en la escena. Ella se incorporo y se subió encima de el. Las palpitaciones de ambos volaban por el aire mientras se frotaban en ese estado hipnótico que los tenía atrapados. Completaron de desvestirse y entregaron sus cuerpos al juego de las almas.

FIN (¿o es solo el comienzo?


El hada

Alenka era una chica normal. Asistía al colegio a diario, se juntaba con sus amigas, practicaba algún que otro deporte, se divertía bailando durante toda la noche sin pensar que el tiempo pasaba. Supo conocer jóvenes de su edad que no satisfacían su vacío. Cuando caía la madrugada, le contaba a su almohada las cosas que había vivido durante el día. Y lloraba. Lloraba porque en sus dieciséis años de vida no pudo conocer el amor. Lo intentaba, no era idiota; pero no lo lograba. Fue entonces en su cuarto, una tarde de primavera cuando se encontró con un ángel. Se sorprendió ante tal acontecimiento, sin embargo supo mantener la calma. Y entabló un diálogo con él.
- Hola Alenka – le dijo el ángel.
- ¿Cómo es que sabes mi nombre?- replicó ella.
- Se todo sobre tí- le dijo El.
-¿Por qué has aparecido en mi vida así, repentinamente?-
- Porque te he visto llorar más de una vez- contesto el, inmutable. Se sonrojó la joven a lo que prosiguió diciendo:
- ¿Y sabes por qué lloro?
- Porque aún no has encontrado al amor. Te conozco demasiado Alenka, sé quienes han sufrido por ti, y quienes te han hecho sufrir; sé que no puedes reír porque tú misma te lo impides, pero déjame decirte una cosa: tu has nacido por amor, y por amor has de vivir. El sufrimiento de tu vida se dará por finalizado cuando halles a tu otra mitad, quien te comprenda y te haga sentir feliz. No necesitas alguien que viva por ti ni para ti, necesitas a alguien que viva contigo y te acompañe en cada paso de la escalera infinita que abarca a la vida y a la misma muerte, tan temida por muchos pero para ti no lo es, porque entiendes que es parte de la misma vida. Te diré un secreto… el amor a tu vida llegará, no desesperes porque el te amará tanto como tu a el. Y seras feliz.
- Me llena de alegría saber eso, pero ¿como sabré quien es el indicado?
- Eso te lo dictará tu corazón. Debes serle fiel porque solo el tiene las respuestas a tus preguntas. Solo el siente lo que siempre has sentido, y ha de guiarte a que tomes el camino acertado.
- Siento intriga- dijo ella mientras su boca comenzaba a transformarse lentamente.
- Es logico que sientas intriga, pero no debes desesperar. Estas iniciando tu historia de vida, te quedan por vivir miles de trayectos, algunos acertados, otros no; al fin y a cabo tropezandonos comenzamos a aprender a caminar. La vida te pondrá a prueba en más de una ocasión, pero tienes que entender que de eso se trata. De errores que corregirás y de pruebas que superarás. Así iras creciendo paulatinamente y sin darte cuenta pasaras a ser una mujer, toda una dama.
- Aún así, sigo sin entender nuestro encuentro- atinó a decir ella, que se encontraba asombrada ante tanta enseñanza.
- He venido hasta aquí porque el mismo creador me lo ha indicado. Comprende que necesitas que alguien te abra los ojos para que te des cuenta todo lo que posees, todas tus virtudes y tus desaciertos.
- ¿Yo tengo virtudes?- preguntó.
- Todos los seres humanos tienen virtudes, pero a veces en el afán de lograr objetivos propuestos por si mismos pierden su verdadera esencia y terminan por sentir que en vano es vivir. Pero no lo es. Vivir es la preparación que tiene cada ser para cuando mueran y pasen a otro plano, el plano de los realmente vivos. Y, con respecto a tus virtudes, no necesitas que te las enumere. Tú las conoces porque eres lo que nosotros llamamos un hada, un hada de amor.
- ¿Un hada de amor?- exclamó sorprendida.
- Sí, un hada de amor. Tu eres amor porque esa es tu esencia, de ti se pueden desprender mil pétalos de energía amorosa porque tu eres el amor. Sin ti en este mundo, el amor se apagaría. Hay otras hadas, pero tu eres la mas importante. Dudo que el mismo Creador sepa el potencial que tu tienes, pero debes entender que amar es tu mayor virtud. Quizá hasta este momento no ha llegado el amor a tu vida, pero debes esperar. No cualquiera merece tu corazón, porque éste es mas que especial. Oh, hada querida, cuanto amor tienes para dar que aun no te das cuenta que lo posees. Gracias a ti hay esperanza en éste mundo, gracias a ti hay unión en este mundo y por sobre todas las cosas, gracias a ti hay amor en este mundo. Sabiendo esto se que serás feliz. Mi misión ha sido cumplida, solo te falta reír.
El ángel se esfumó, y ella al fin y acabo comprendió su misión en el mundo. Y sonrió.

FIN


Bizarro

El tren había olvidado cuatro estaciones atrás al amor de su vida. Ahora tenía que enfocarse en lo que realmente le interesaba. Llegó a su casa, abrió la añeja puerta de madera y tras ella se asomó el living. Todo desordenado como de costumbre. Avanzó esquivando la ropa despojada en el suelo hacia la heladera, la abrió, tomó el cadáver envuelto en una bolsa de consorcio y la llevo de vuelta al living. Desató el nudo de la bolsa, y sacó el inerte cuerpo. Lo apoyó sobre el suelo y colocó nueve velas negras alrededor del mismo. Las encendió y comenzó a susurrar una plegaria. Invocaba al mismo Dios, Alá y Buda; Satanás y la virgen María. Todos ellos corrieron a su encuentro. Buda, Alá y Dios optaron por contemplar silenciosamente la escena, María tenía los ojos vidriosos y estaba como a punto de acotar algo, pero permaneció en silencio. Satanás se reía en forma perspicaz y desaforada. El refusilo rugió una vez más y las paredes temblaron al igual que el piso. Había un aire a desazón en el ambiente, no por el hecho de haber encontrado a todas esas figuras en un cuarto desolado del micro centro, sino por el propósito del mismo. Era macabro, perverso y hasta atrevido.
Nicolás abrió la boca y dijo:-Pues bien, aquí nos encontramos todos reunidos en torno a mi mejor amigo. El se llamaba Pedro hasta las ocho de la noche del día de ayer. El muy infeliz se atrevió (en plena borrachera) a insultar el nombre de mi fallecido padre. Nadie nunca jamás lo había hecho hasta este momento. Nadie. Pero por su condición de amigo el maldito se dio ese lujo. Y no lo pude perdonar. Lo maté con mis propias manos. Ferozmente le arranqué la yugular con mi preciada navaja inoxidable. Pude sentir como desgarraba su piel, su carne y tendones, mientras el gritaba. Basta de gritos. Y le quite la vida. Por eso los convoco hoy, queridos seres de intachable trascendencia mundial y hasta universal, a que le den una segunda oportunidad a Pedro. El muy maldito se la merece, porque en el más oscuro y oculto escondite de mi corazón, sus recuerdos imborrables me siguen recordándolo.
- La segunda oportunidad es para ti, no para él, hijo mío- dijo Dios.
- Pero no la merece- dijo Alá, convencido de sus palabras.
- Todos merecemos una segunda oportunidad, pero francamente debo señalar que estoy en completo desacuerdo con la intención que trae este muchacho- dijo Buda, inmensamente sabio. Los ojos de María se opacan con el correr del tiempo. Satanás se ríe sin cesar, aunque pasó a un segundo plano.
- No los he convocado para que debatan el porque de mis actos, sino para que revivan a mi amigo- dijo Nicolás en forma autoritaria. Tronó tan fuerte que se desdibujó un pedazo de pared.
- Estas provocando la famosa ira de Dios- dijo Satanás en tono burlón.
- Hijo mío- dijo Dios ignorando al Diablo- piensa dos, tres, diez veces lo que realmente quieres hacer. Le has quitado la vida a tu hermano de alma porque se atrevió a blasfemar contra tu padre terrenal. Debes medir tus actos y por consiguiente las consecuencias de los mismos. Has pecado contra las leyes que Yo mismo he dictado. Estoy seguro de que Buda y Alá, mis grandes amigos, han de pensar igual que Yo-. Asintieron al unísono con la cabeza. Dios prosiguió:- entonces, hijo mío, ¿sabes lo que harás?-
- Si- dijo Nicolás
- Veo que en tu corazón no sabes lo que haces, estás enceguecido con devolverle la vida a quien se la has quitado, ¡¿Te crees así de omnipotente?!-. Cayó un rayo a metros de la casa de Nicolás. Tronó una vez más. Y otra. Y otra vez también. Dios estaba iracundo.
- Tienes la oportunidad de que tu amigo disfrute la vida plena junto a nosotros o de mantenerlo en este mundo. La tentación llegará, pero debes hacerle caso omiso-. Dijo Buda. Y los tres dioses se esfumaron. Los ojos de María tomaron un color magenta. Satanás río fuerte, emitió una tenebrosa carcajada. Acto seguido se acercó a Nicolás. Y le dijo:- tengo el poder que se que tu deseas tener. Yo y nadie más que yo puede revivir a Pedro, tu amigo. Solo tienes que pedírmelo. Pero antes la ley que rige nuestro mundo me obliga a que te advierta que el precio de este “favor” lo pagarás el día que te llegue el momento de unirte a nuestro plano. ¿Qué deseas hacer?-
- A este maldito hijo de perra lo tengo que revivir cueste lo que me cueste. Hay un placer escondido en este juego macabro, y es el de perdonarlo por su error. Eso me retribuiría tranquilidad. Por otra parte sé con quien estoy lidiando y también sé que no tengo garantías. Pero me animo a dar el paso. Satanás, revive a mi amigo.-
El color pálido del cadáver comenzó a ruborizarse, la hendidura en la yugular se desvanece lentamente. De repente los ojos de Pedro tomaron brillo. Se incorporó sobresaltado y tomó una bocanada de aire interminable.
- El pacto está cumplido- dijo Satanás. Se rió tan fuerte que el techo se tambaleó, las luces se apagaron y prendieron de forma extraordinaria. Explotaron los focos. Satanás se esfumó. Pedro revivió. Nicolás se estremeció. Y María lloró.

FIN