LOS OBREROS MANDAN
- Doña, nos mandó a llamar?
- Si, claro...Necesito que levanten una pared.
- Dónde?
- A mi alrededor.
- A su alrededor? Pero que va a tapar?
- Me voy a tapar yo....
Tres hombrecitos pequeños, vestidos con los restos de lo que alguna vez fueron ropas decentes se rascaban la cabeza tratando de entender lo que esta mujer les decía...
¿Una muralla que la tape a ella? Eso escapaba a cualquier resquicio de entendimiento que tuvieran estos obreros de la construcción.
- Quiero una pared lo mas alta posible, gruesa....gruesísima....
- Como usted ordene, señora.
Y lentamente pusieron manos a la obra. Desde una bolsa harapienta extrajeron sus elementos de trabajo, colocándolos uno a uno, de modo ordenado sobre el piso de baldosas irregulares que rodeaban a la mujer.
Se tomaban su tiempo, tal vez dudando de que lo que estaban haciendo fuera lo correcto. Asimismo no se sentían culpables. Al fin y al cabo lo había querido así ella misma y necesitaban el pago más que el agua, para subsistir ellos y sus respectivas familias.
La señora: Una joven mujer que apenas superaba los treinta años fijaba sus ojos negros en las tareas de sus obreros. Permanecía inmóvil parada sobre su propia anatomía ( un poco entrada en carnes), retirando algunos cabellos rebeldes de su frente, abanicándose con su mano, debido al calor reinante en el lugar.
- ¿Tardaran mucho en hacer la pared?
- Y Señora.....Depende cuan alto la quiera. Respondió el mas rápido de ellos. El que esta considerado el cerebro del trío de obreros.
- Además...primero tenemos que hacer la mezcla. Acotó otro que no pudo evitar el comentario.
- Está muy apurada, Doña? Dijo el tercero, únicamente para no ser menos que sus compañeros.
Esta mujer de cabellos castaños se limitó a sonreír. No quiso responderle a ninguno de los tres, ni esgrimir ningún tipo de excusa.
Manos a la obra. Cada uno de los tres hombres comenzaron sus tareas totalmente concentrados, responsables al fin, eficientes ....en total silencio....
Por la cabeza de la chica pasaban miles de pensamientos como si fueran parte de una película... Recordaba cuando derribó ella misma esa muralla, cuando permitió que los demás la conozcan tal cual ella es; cuando empezó a querer y dejó que la quieran; cuando abrió su corazón ( hasta el momento virgen de sentimientos) y decidió colmarlo de una gama amplia de sabores; cuando la maltrataron ( espiritualmente, que es el peor de los maltratos) y tomó la dura determinación de no dejarse conocer más.
La vulnerabilidad no era para ella. Existían demasiadas grietas por donde la humedad de los demás podía filtrarse, las mismas que amenazaban con convertir a la impermeabilidad en algo absolutamente permeable.
No era justo para ella, tan esforzada en guardar los tesoros de su alma, que de buenas a primera, ésta quede desnuda, con sus tesoros al aire, a la merced de cualquier ladrón de ilusiones. No, señores...Se ocuparía ella misma de blindarlos para que se conserven siempre incorruptibles. Ahora surge de esto mismo una pregunta....Incorruptibles para qué? ¿Guardarlos para quién?....Respuestas que tal vez ni ella sepa dar...
Pensándolo bien...un muro alrededor de ella la salvaría. Impediría que los demás vean su interior. Por lo menos tomó la precaución de encargarles a sus obreros que incluyan en una de las paredes una pequeña puertita, para que pueda entrar un grupo muy selecto de gente que esta mujer designó como guardianes de sus tesoros: un payaso con su ángel; un guerrero de luz; un hombre transparente, una chica dulce con alma de niña, una mujer que debería haberlo sido de nacimiento, una adolescente inteligente, un muchacho con sida, músicos y artistas....Todos ellos habitantes del corazón de la señora.
Una persona tan medida en los sentimientos, siempre prefiere manejar las cosas desde su coraza, convertida en toda una base de operaciones. Desde allí dirige sus actos y los programa para que nada quede librado al azar.
Sus obreros, imparables, ni tomaron su tiempo de almuerzo. Querían terminar su trabajo lo antes posible...Quizás para impedir que los asalte cualquier tipo de culpa, que sus estrechos cerebros les permitiera albergar.
La mujer no culpa a nadie mas que a ella misma. Ella derribó en su momento la muralla, ella misma la vuelve a elevar. Jurándose a si misma ser más cuidadosa la próxima vez que decida mostrar sus riquezas.
Sus riquezas.....Solo espirituales, claro está.....Tal vez comparables con la virginidad....
Las mujeres se pasan la vida eligiendo cuidadosamente a quien entregar su sexo, tratando que la primera vez sea con amor, para no darle a cualquiera lo más importante que tienen.
Luego llegan los arrepentimientos, pero allí no hay vuelta atrás, en cambio, la pared puede levantarse cuando sea. Una y mil veces....
El paredón ya tapó la figura de la dama, dejándola a solas con su interior. Solo dos obreros, subidos a sendas escaleras pueden verla desde lo alto. Ella inclinó su cabeza hacia el cielo y les sonrió dulcemente.
El tercero de ellos permanecía con sus pies en el piso, engrosando la pared para volverla impenetrable.
Se hizo de noche...exhaustos los operarios pusieron los últimos ladrillos, como quien coloca la piedra fundamental. Recibieron el pago por sus tareas realizadas y comenzaron a guardar sus elementos de trabajo para emprender su viaje a casa.
Concluido el trabajo encargado. Sola desde su muro levantado lo mas alto que les fue posible a estos hombrecitos, la mujer suspiró aliviada, tranquila de estar nuevamente protegida.
Rápidos como flechas, los obreros recogieron sus herramientas de trabajo, se asearon, se peinaron y se dispusieron a despedirse con reverencias de esta mujer.
- Les estoy muy agradecida por el trabajo...Cualquier cosita los llamo.
- Si, Doña.....Lo que necesite.....
Una vez mas, el mas inteligente no pudo evitar hacer un último comentario...
- Nunca se olvide, Señora, que hasta la pared mas gruesa esta hecha con arena......¿Se siente realmente a salvo?
GABRIELA MORAN
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