I

Puedo ver tu cara de asombro... quién teje y desteje los hilos de los destinos, quién suelta esa chispa en el pensamiento, quién controla los deseos ocultos de nuestro ser.
Desde cuándo el café es considerado afrodisiaco, sabía que el chocolate tenía ese poder, o el cuerno de un unicornio, hasta algunas tribus muelen el cuerno del rinoceronte creyendo en estos mitos...pero el café, no lo sabía.
Creo que todo comenzó con un café, un café negro y sin azúcar, o fue un JB, o una cerveza fría... no lo recuerdo.
Me imagino tus manos, no me gustan, no puedo mentir sobre ese punto, pero me las imagino de todas maneras; son pequeñas, con uñas cortadas casi al ras... sí son muy pequeñas; no creo que sean el prototipo de las manos protectoras y seductoras que he buscado. Pero las imagino en estos momentos, nerviosas, jugando con el aire, o haciendo un bollito de papel.
Fue una mala idea invitarte a tomar un café, un café pecaminoso, hereje. Pero en mi interior sabía que era sólo un simple café, que implicaba tan solo un momento para compartir unos minutos, tal vez unas miradas... una caricia inocente de nuestras manos... no quiero negar mis deseos, pero era un solo café, lo juro.
No sabías
Son unas simples semillas, ovaladas, simétricas amarronadas, que se muelen hasta reducirlas a un polvo fino; luego se calienta el agua y se la retira del fuego antes del primer hervor. Se coloca el café a cucharadas, según la cantidad de agua que se ha calentado... siempre me ha gustado el café fuerte, con aroma penetrante y amargo.
Luego se lo deja reposar unos minutos y una vez que el agua se ha impregnado del color y del aroma, se cuela en un filtro (este puede ser de tela, o de papel, aunque ahora han salido unas cafeteras muy prácticas, donde el filtro es de metal y cumple su importante función, presionándola hasta el fondo de la cafetera, claro que estas prácticas cafeteras impiden calentar unos segundos el exquisito café).
Los pocillos son un tema aparte, pueden tener miles de formas, a veces observo esas pequeñas tacitas de juguete y pienso que es un sacrilegio beber de esa minúsculas tazas el precioso café... prefiero las tazas grandes, donde el aroma se desprende a borbotones.
El secreto es calentarlas por unos minutos, para que cuando se vierta el riquisimo elexir, no se enfrie contra la fragil superficie de la taza.
Hay tantas variantes de café, que hasta tienen nombres propios, están los cafés geográficos, irlandeses, vieneses y demás lugares exóticos; los cafés de distintos tamaños y hasta el famoso café con leche, que era un suplicio en la época de mi infancia; esos tazones interminables que impedían ir a jugar antes de finalizarlo. Porque cuando uno esta atravesando la infancia, no esta permitido beberlo sin cortar ese aroma con unas gotas de leche, y a medida que los años transcurren las gotas de leche van disminuyendo, hasta llegar a la simple pureza.
Otros, los que no toleran las sensaciones extremas, regresan a su tierna infancia, bebiendo simplemente leche, si, la misma que cuando era niña, rechazaba con todas mis fuerzas, pero esta clase de personas, acompañan el liquido blanquecino con una y solo una gota de café, una lagrima.
Pensar que era un simple café y lo rechazaste... quien diría que esa sustancia era afrodisiaca y hasta pecaminosa, para vos




II

...y si te veo pasar con tus pasos firmes,
con tu sonrisa pintada, con aire de despreocupado.
Qué hago te persigo, te ignoro, te olvido...
... y si sos vos quien me encuentra, taciturna en el bar,
con un café tibio y un cigarrillo consumido.
Qué hago, te sonriso como siempre,
te cuestiono tu ausencia, te olvido...
... y si nos chocamos en la calle, apurados,
sin darnos cuenta de quienes somos
qué hago, te insulto, me disculpo, te olvido.
... y si no te encuentro nunca, y vivo de nostalgias
que hago, me arrodillo, me arrepiento y te olvido
... y si de un día para otro logro olvidarte
que hago... te busco en mi memoria, y te recuerdo.

Karla
12/04/2002

 

III

Un día lluvioso
Un edificio a lo lejos
El viento resopla
El frío cala los huesos
La lluvia en la cara
Los árboles son castigados
El cielo llora sin cesar
La musica de fondo
El mate lavado
El cigarrillo consumido en mi mano.
Un recuerdo que vuelve
Un día lluvioso
Un edificio a lo lejos
Un corazón encabritado
Un sueño imposible
Un amor casi olvidado

Karla

Karla

Karla
Carla Cerisola
Capital Federal - Argentina

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