Colombina
Alejandra Larrañaga
Capital Federal - Argentina

Todos los derechos pertenecen a la autora©


I

Cada vez que una mano
se yergue valiente
en la locura,
se aviva la esperanza del que duerme,
se instala
como un gesto de cordura
mientras los sueños
vuelven a andar sueltos.
Cuando un hombre
trasciende el delirio
de ser hombre,
se enfrenta inalterable
ante el peligro
y deja de temerle
a su destino,
se acuesta con las sombras
y las sombras
no lo tocan.

Ale (Colombina)

 


II

Delicioso banquete
tu piel,
agasajo de los Dioses,
increíble explosión que se detona
al primer contacto
con inusitada ternura
y completo desparpajo.
Véase a un hombre
y véase también a una mujer,
compenetrados los dos
en la exquisita tarea
de darse placer.
Y por qué no...
véaselo especialmente a él,
tan entregado a su quehacer,
tan firme en su sed,
dejando húmedas huellas
en aquel cuerpo de mujer.
Placenteras e intensas transcurren
las horas afiebradas del querer
mientras la luna
dormida
descansa en su cielo de papel.

Ale(Colombina)


 


III

Por qué... preguntarás,
y no habrá forma de saber
quién se esconde
detrás de la sospecha,
quién llama la atención
o se hace ver
apuntando con un arma
a su cabeza.
Habrá que comprender
a las estrellas
las sombras
los espejos
los enigmas,
habrá que deshacerse
de lo andado
si se quiere proclamar
la fe dormida,
porque el mar nos sacude
en esta noche
y el viento
es un girón del diablo
bailando con su cola
de cometa.

Ale(Colombina)


 


IV

La consigna es ir domando al tiempo,
sentir el sol que se esconde
detrás de los árboles sin hojas
y dormir un sueño lento
para resguardarme de las sombras.
La consigna es ir
de cuando en cuando
a fotografiar ese sonido que es tan mío,
mimetizarme con el agua,
con la piel y los latidos.
La consigna es no quedarme exhausta
al borde del camino
mirando el laberinto de los sueños
que no han sido,
es vaciarme de preguntas obsoletas
y acallar a la memoria con sus quejas.
La consigna es despegarme
del destino de los otros
para dejar de reclamar cosas ajenas,
hasta llegar a estar sedienta de mi nombre
y un día,
sin razón y sin motivo,
escucharme cantando mi canción
como me gusta,
vibrando desde adentro, sintiendo desde adentro,
como me gusta.

Ale(Colombina)