Naranja
Busco el centro de gravedad de la naranja, la
naranja es una bola de fuego, sus gotas queman mi cuerpo, amanecer verde
cítrica saturado y dulce.
La ola me va a comer, su labio carnoso me aspira y me hundo en tu escote,
suburbio de las calaveras de colores, cacto quebrando el asfalto, cacto
sangrando savia espesa que inunda las calles céntricas desde
la periferia.
La verdad es un camaleón destripado, ¡muerto de risa! Pero
su risa, a veces, es suelta y de niño íntegro, sin daños,
sin lesiones. Intento seguir el hilo conductor de este juego, que no
es juego, no hay reglas, tan sólo la piel se estremece con el
viento fresco, fruto de mar trémulo, alga podrida y agria, la
luna llena es aburrida pero no cuando atraviesa tus ojos, naranja con
piel de chica de pantalón de jean suelto, naranja ritmo de negros
y música de ciudad, baile de sombras sobre una cortina blanca,
baile de manos y tu cintura. Figuras movedizas hechas con trazo fino
y negro, la vida en blanco y negro es latencia formal, prefiero colores,
el rojo y el amarillo me faltaba decir, el centro del naranja que buscan
tus dientes hincados, mientras mostrás feroz y entre risas tus
encías pulposas. El vino es poco para sentirte próxima,
tampoco serviría encender quince velas y acostarme en medio,
la comunión con el mar es lejana, el cementerio indio también,
quedan las hendijas urbanas, la raíz suburbana, la naranja en
mi mano, bola de fuego con semillas.
Calcius
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