Escritos
de Tipita_Volátil
Capital
Federal - Argentina
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Nacimiento: Desovilló mi ombligo. Me salí de entre tus carnes. Lloro. Me amarras, todavía me amarras, me tienes. Bebo de ti la magia del alma a manera de espuma brillante, luz que me anima a vivir a tu lado. Muerte: El ya no podía contener el aire: no lo encerraba ni asimilaba en su interior. Me prendí a su boca para darle de mi aliento, pero nada sirvió: ya estaba pasado de vueltas.. La rueda lo había hecho partícipe de un juego que terminó comiéndose sus entrañas y su lugar más preciado en el alma. Enamorarse: Aún no comprendo eso del amor; pero las alas revolotean en su rostro y se agitan las escenas en mi pensamiento.. Divorciarse: El puñal había sido enclaustrado en el pecho de David, pero aquella no había sido la primera vez. Podría decirse que se soltó la membrana que contenía la magia de las nubes de algodón y se perdió el lamento, la enfermedad de tener que llegar a casa antes de las diez y el temperamento primitivo de tener que contar hasta cien.. Hombre rico: Detrás de la precipitada calvicie de Don Eduardo cabía la marchita flor desentrañada de la penumbra. Hombre pobre: La gota en su frente se derramaba mientras sus dientes se apretaban entre sí. La miseria no era lo único que podía compartir con su corazón: de a ratos le convidaba chasquidos al oído para que no padeciera la misma hambre. Primavera: Mi único recuerdo es que llovían razones para sonreír y ver atardeceres. Verano: La tormenta lo había arrasado todo y todavía quedaban retoños de soledad. Sólo que ahora el sol brillaba de nuevo sobre el pétalo rosado de su mejilla. Mi familia: Otra vez tuvo que llamar mamá a Dani para cenar. Sus ojos estaban arduos y ansiosos. La noticia se hacía esperar y el ritual ya estaba listo. Sólo faltaba otra vuelta en la cadena del reloj. La familia de: Raúl sostuvo por más de diez segundos su vaso en la mano. Tuvo miedo de decir amor y luego hizo girar su brazo derecho para apretar con gusto el hombro de su hijo menor. Era cierto, Pablo había terminado su primer ciclo de escuela. Estación Retiro: Las bocanadas del humo se asemejan a las de las personas cuando por entre las puertas del tres se avalanchan hacia la salida... Otra estación: Me sonrío y sonríen conmigo los pastitos del jardín.... y las ventanas hacia la nada y el todo en el ocaso! (est. Devoto) Infancia: Quisiera poder revivir los domingos de papá con helados y calesitas y monigotes de carbón... Tipita_Volatil |
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Asesino
Asesinas
mi guitarra. Tipita_Volátil |
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Duende..
En mi barrio hay un duende que se esconde en las casas. Mi abuela dice que está desde tiempos remotos en que ni vos ni yo solíamos ser más que eso que somos ahora. Este duende vague herido por el infortunio que le ha tocado en esta vida que aún nos da palazos y malas contestaciones, que nos raja la sangre. Pero resulta que no surgimos del seno de la tierra: resulta que no surgimos de este planeta, resulta que nacemos y morimos sin saber cómo vivimos.. Y resulta que en definitiva nada somos, nada existimos, nada desfallecemos... nada morimos.. Sin embargo, acá estamos, conviviendo con el estúpido duende de pasantilla, con un pedazo de materia invisible, con una criatura infeliz que contempla sin cesar el pasar de los tiempos hasta la eternidad.. Está aburrido y solo. Pero hay miserias peores que su miseria. Pero rogar para que el pequeño duendecillo pueda alcanzar al fin su fin sin determinar otro tipo de existencia mas que la que ha padecido hasta hoy y desde siempre, no lo salvará de su tremenda tempestad. Y desearle qué? Si enfadarse no es más que reprimir eso que jamás será, eso que jamás fue... Más aún renovarse y vivir en él es más que ser una nada infinita que no cesa de romper conmigo que soy insignificante.. Que soy algo que no es.. Y aunque mi alma pudiera desearía más que esta pena, más que su simple condena... desearía más que su mirada indeseada, más que su retenida tristeza.. Pero deseo esta vida que me llena, esta vida que no vuela, esta vida que me pesa y me hace presa de estar viva... Duende, que eres horas de tempestad y silencio, que eres consejo de mis versos, que eres frase y eres invento... Duende, que eres hambre y eres dicha, que eres tumba, que eres melancolía, duerme y espera la luz de aquel buen día.. Tipita_Volátil |
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Historia
de Café
Sin esperarlo, sólo dejando que suceda. Despertar amanecido, llovido de inquietudes, corriendo a toda hora en el falso espacio que crean los cerebros aplicados al desierto espiritual, a la no-verdad. Y aún enumerando ciertas alevosías, a manera de resistir el estúpido vaso volcado sobre la mesa, la visión se reduce a una simple vasija vacía, desparramada, en soledad... La gota sigue bajando
sobre el cuerpo de la cucharilla metálica permaneciendo negra
en su curva, meciéndose, aceptando el movimiento salpicando de
la pluma sobre la servilleta... El trago final, la degustación del último instante de sabor: amargo. El último segundo de humedad en ese cielo puenteado renovando el silencio. Sobre los hombros se carga la marcha haciendo desaparecer el paso en la levedad del murmullo enceguecido; dando la espalda al paisaje gris de un joven jueves soleado...
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Historia... Quizás debiera
observarte desde su miniatura, Tipita_Volátil |
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( Sín título ) Y los adioses colándose por entre las endijas solemnes del instante frío, en el verbo-palabra de tu mirada y en las miserias, apoderándose de las arenillas descendiendo en picada dentro del cristal.. Pero sonríes.. Todavía sonríes en las penumbras del aliento rodando estremecido por tu boca... El viaje se llena de ojos, de diferentes años colgados en peldaños que ya quedan lejanos.. Y balbuceas ese nombre haciendo señas entre las cortinas rojizas del ómnibus echándote pronto al andar en el conjuro del paisaje quedando tu camino alumbrado de mis huellas, tristezas del adiós enevitablemente angustioso en la sombría capa del ocaso juvenil, en la oscuridad que cubre mi sed.. Pero me quedo en el
despliegue de esa sonrisa tuya.
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Paisaje
En las curvas genuinas del dolor se esconden los mitos de los payadores antiguos que desvelan lo incierto y desconocen las penas. Se dice que en ellas pueden descubrirse ciertos valores indígenas y transportarse en el tiempo, emergiendo luego de la tierra para penetrar en alguna comunidad. Existen, dentro de estas curvas, unas cuevas que han sido habitadas por nuestros ascendentes; claro que son muy precarias y conservan marcas de su estadía, como dibujos en piedras o simplemente en el suelo, que desgastado por la fuerte erosión de los años, sigue manteniendo vivo nuestro antepasado. Antiquísimas ruinas desconocen su origen, la calidad y estructura primitiva. Sólo aprecian su vida. Pero el paisaje no escasea. Nosotros no lo interrumpimos, sólo lo agitamos un poco. Las rebeldías de las rutas nos sorprenden a cada paso acercándonos nuevas historias de manera alegórica. A nuestras espaldas todo parece despertar y en un murmullo de mar el sol comienza a nacer. En viajes anteriores hemos seguido huellas que han derivado en amplias ramificaciones y caminos asombrosos. Pero aquí no hemos encontrado esa magia. Ésa que nos hace poseedores de un todo único, sin perversiones ni transgresiones oníricas. Estamos cansados. Hemos recubierto nuestro cuerpo con hojas, arenas, tierra y hasta con aceites y mieles; y nada... Nada nos protege del todo: seguimos teniendo frío. Apenas nos quedan dos minutos de luz antes que la vela sea extinguida a causa del viento, ya no tenemos cerillas para volver a encenderla... Desde aquí se transforman las heridas y sólo lamemos las estrellas ausentadas del cielo porque los viejos senderos sorprenden el espacio en medio de tanto desierto auténtico que brilla por demás...
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